El florero de piedra es una pieza tallada artesanalmente, donde cada forma nace del diálogo directo con el material. Su silueta orgánica y ligeramente irregular responde al proceso manual, haciendo que ningún florero sea igual a otro: cada uno puede variar sutilmente en forma, tamaño y vetas, celebrando la autenticidad de lo hecho a mano.
La piedra natural conserva su textura y carácter, convirtiendo al florero en un objeto atemporal que conecta lo funcional con lo escultórico. Pensado para acompañar flores, ramas o simplemente habitar el espacio por sí solo, aporta una presencia serena y silenciosa a cualquier ambiente.

