Cada pieza parte de un fríjol sembrado, cosechado y seleccionado a mano en fincas antioqueñas, donde se cuidan cientos de variedades. Conserva su forma y textura original, celebrando la belleza de lo simple y lo cotidiano.
El fríjol está enmarcado con un borde metálico con baño en oro que resalta sus vetas naturales y lo convierte en una pieza única.
Un pequeño homenaje a la abundancia, la tierra y lo esencial.

